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12 febrero, 2007

El mundo de Tex II

No es que este incómodo, simplemente es que me he acostumbrado a este encierro.

Me han obligado. Realmente nací encerrado, por lo que no sé qué es la libertad. No soy como vosotros, no anhelo la paz ni la libertad: yo estoy en paz, yo soy la libertad.
No hay dios ni bicho viviente que se inmiscuya en mis asuntos.



Solo estoy y sólo soy. Es simple y llanamente eso: soledad pura y dura que he aprendido a arrastrar (no como vosotros, que la esquiváis en cuanto podéis).
De vez en cuando, cuando me dejan libre, me siento dislocado; perdido en un lugar en el que todo se escapa a mi control. Me siento como James Whitmore en Cadena Perpetua: acostumbrado a mi reclusión todo me parece extraño o nuevo -no sabría precisar la palabra-, pero el caso es que me siento vacío, inútil. Por eso siempre quiero volver, cuajado de miedo, a encajarme en mi jaula y no salir. No como James Whitmore: acabar escribiendo mi nombre en una viga de madera de un cuartucho mal amueblado, para luego dejarme vencer por la tristeza.

Porque sé que allá las cosas están peor que acá, donde todo y nada dependen de mí. Mi supervivencia castrada depende de los demás. De la familia del Sr. Nadie, porque -en concreto- si dependiera de este Nadie, mi dieta consistiría en trozos de patatas fritas y pedazos de jamon york... y algún trozo de sabrosa nuez.


Sigo preparando mi físico para cuando regrese mi hamstar. Sé que algún día volverá, porque me hizo una promesa:
- Si me voy es para volver, y a mi regreso nuestro amor será tan circular como la rueda en la que paseas. Yo quiero pelechar a tu lado.

Y me lo creí.

Aún hoy estoy esperando su vuelta.

22 noviembre, 2006

El mundo de Tex

¡Hola! Me llamo - más bien debería decir: me han bautizado como - Tex. Soy un hamster ruso. Sí, de Rusia. Ese país del que tanto saben las Misses Españolitas, las guapas Misses españolitas...
Soy del país del vodka, en el que nació un tal Kalashnikov (de asqueroso recuerdo para todos...), de la nación en la que nació Anton Chejov (del que recomiendo leer un gran libro de recopilación de relatos cortos: Memorias de un hombre colérico y otros relatos humorísticos).
Pero el caso es que aquí me tienen... encerrado, sin posibilidad de escape, arrojado en una tierra extraña. En Macondo... ¿alguien sabe qué es Macondo? Podrían decirmelo, me harían un gran favor. Me ayudaría a comprender un poco el entorno tan violento en el que sobrevivo.
No sé porque pero hoy estaba inspirado, y he decidido escribir. Mi padre adoptivo (ese tal Sr. Nadie) me ha liberado para que correteara un poco por este teclado frío, y así están naciendo estas palabras... fruto de mi correteo por encima de estas teclas... Mi papá me ha dicho que él también escribe así: se sienta (no literalmente, claro) sobre el teclado y teclea... sin pararse a pensar en el verdadero sentido de lo que está escribiendo. Correteamos (él con sus manos, yo con mis minúsculas patitas de hamster ruso) para conseguir que nazcan las palabras que están encerradas entre los huesos.
Y el caso es que ya no estoy inspirado, así que creo que voy a volver a mi jaula. Sí, es cierto que allí no tengo mucho espacio, pero... y lo bien que se está refugiado, sin saber que nadie me va a agredir... tengo agua, comida, una rueda en la que hacer deporte y estar en plena forma para cuando venga mi hamstar rusa... no me puedo quejar, la verdad.